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El cáncer como enseñanza y oportunidad de cambio
El cáncer como enseñanza y oportunidad de cambio

09 de Septiembre, 2020

En la búsqueda de recuperación se pueden considerar dos caminos: el de un campo de batalla o el de un proceso que admite un aprendizaje. Para quienes optan por la segunda opción, hay ciertos aspectos que se pueden considerar al tener que atravesar la enfermedad, la cual lleva sin previo aviso.  

Aceptar el cambio 
En una primera instancia, uno de los procesos que hay que traspasar es el reconocimiento del cambio. Por un lado, hay algo que sucedió que hará que la cosmovisión tal como está, se modifique y también posiblemente se reduzca; por otro lado, que las formas, ritmos y prioridades tienden a cambiar. Incluso los roles que una persona ejerce en su vida pueden verse afectados; pasar a ser “paciente” y adoptar una actitud más pasiva frente a las situaciones. Tener que ceder ciertas responsabilidades o tareas a otros, y aceptar que médicos y tratamientos trabajen sobre el cuerpo individual sin tener mayor injerencia, requiere también de un entrenamiento profundo de la paciencia y también de la aceptación de eso que tocó en suerte y que no se puede modificar. Reconocer esa vulnerabilidad permite amigarse con las cuestiones que suceden y que no admiten cambio; y a su vez posibilita modificar la forma en la que se percibe o se siente aquello que pasa, y a partir de allí poder dar lugar a las emociones positivas y dejar de ver todo en negativo.  

Una vez que esta entidad tripartita que forma al ser humano - mente, cuerpo y espíritu -acepta y se acomoda a lo que le tocó atravesar, recién allí puede comenzar a identificar y valorar ciertos aspectos positivos. Tener plena conciencia de las emociones y de los afectos hace que una persona comience a valorar todos los momentos, espacios y placeres que en la vida previa a la enfermedad, debido a su vertiginosidad, eran más intangibles o menos predispuestos al goce, como pasar tiempo en familia, visitar amigos o afrontar el aprendizaje de nuevas actividades, o simplemente dedicarle tiempo y disfrute al ocio libre.  

Aprender a recibir 
Otro de los aspectos que se pueden aprender de esta experiencia fortuita es a recibir. Luego de “reciclar” los afectos, o sea distinguir a las personas que están de las que se pensó que iban a estar y poder disfrutar de su compañía y atención se logrará captar esa energía y el disfrute completo de ese cariño y afecto. Asimismo, es importante reflexionar y enfocar el día en las cosas que se tienen y no en las que se perdieron o no están. Si se logra enfocar la mente en “lo que tengo” y no en “lo que me falta” se podrá atravesar ésta y cualquier experiencia de la vida en forma positiva y de la mejor manera posible.  

Aprendizaje

 

El ciclo de la vida es un constante aprendizaje, donde las experiencias positivas y negativas dan paso a enseñanzas. Atravesar una enfermedad como el cáncer no es la excepción. Considerar ese proceso como un camino hacia la recuperación es un punto de partida, donde a través de diferentes estrategias se puede vivenciar de una manera positiva para conducir al bienestar general y acompañar también en forma integral al tratamiento clínico indicado.    

Si bien esta experiencia obliga a realizar muchos cambios en la cotidianeidad, es una posibilidad para ver en una “crisis” una oportunidad; para gozar de un ritmo de vida más tranquilo que admita la autocontemplación y amigarse con uno mismo; también compartir emociones, actividades y sentimientos con otros; y en definitiva dar más lugar a recibir el afecto de seres queridos y dedicar más tiempo al goce y a adquirir nuevos hábitos para un mejoramiento de la calidad de vida.  

Referencia

Forgiveness: The Greatest Healer of All, de Gerald Jampolsky, MD