Sorry, you need to enable JavaScript to visit this website.
Historia de Vida
Historia de Vida

Cuando a Julia María Richards, abogada, ama de casa y mamá de tres pequeños, le diagnosticaron cáncer de mama el mundo se detuvo. En ese momento para ella su vida quedó como suspendida, como si estuviera mirando una película, y pensó en lo afortunada que era por haber podido vivir hasta ese momento plena y llena de amor; con pareja, hijos y bienestar; y fue allí cuando se animó a resignificar esa suerte y buscar un rumbo para lo que le estaba sucediendo.  

En lugar de vivir desdichada, y amargada por lo que le tocaba atravesar, tomó las riendas de sus emociones y optó por ubicar a la enfermedad como una parte más de su vida, y no como la única. Esa descentralización le permitió llevar los tratamientos, efectos y vaivenes de una mejor manera y sobre todo disfrutar mucho más de la vida cotidiana, y en definitiva, colaborar en pos de su bienestar general.  

“El cáncer siempre estuvo cerca, mi mamá y mis tías lo padecieron. Por eso, desde muy temprana edad me realicé controles periódicos y un buen día esa herencia me tocó de cerca. Sentí un bulto debajo de la axila y rápidamente me hice los estudios pertinentes hasta llegar al diagnóstico más temido. Me quedé tranquila ya que había tratamientos posibles, y con esa información se lo pude contar más tranquila a mi familia. La palabra cáncer da mucho miedo y parece fatal, pero si va acompañada con información puede no tener un efecto tan devastador”. 

Luego de la operación, se le detectó metástasis en ganglios, y tuvo que emprender quimioterapia con efectos colaterales que la dejaban muchas veces con náuseas y desgano. En ese momento, el apoyo de su familia fue fundamental. La animaban a descansar o se llevaban a los niños para que no percibieran los malestares de ese momento.  

En este sentido, su actitud fue clave. Julia trató de que el tratamiento afectara lo menos posible a su cotidianeidad. Todo lo relacionado a la enfermedad, medicación, turnos o rutinas médicas; lo ubicó en un espacio pequeño entre todas las tareas diarias. De esa manera logró que su vida no quede “ocupada” íntegramente por el cáncer, sino que sea algo más y que las emociones y afectos positivos puedan ser lo principal. 

“Creo que lo más importante era que, por más que haya dormido solo dos horas, a la mañana me levantaba y me vestía, intentaba hacer la misma vida de siempre. Claro que no me exigía tanto pero quedarme en la cama solo aumentaría la autocompasión y la sensación de sentirse mal. Yo lo hacía principalmente por los chicos, para que no se dieran cuenta pero al final me sirvió para mí, porque me distraía con las cosas que tenía que hacer y hasta me olvidaba de que me había hecho una quimio unos días atrás”, comenta Julia.  

“Recuerdo que cuando tuve que hacerme rayos durante dos meses, había que ir todos los días y eran como dos o tres horas en una sala de espera junto con otros pacientes oncológicos. Yo decidí optimizar ese tiempo y me llevaba algo para hacer, coser ropa de los chicos, leer algo que me quedó pendiente por estar ocupada con otras cosas, etc… y nunca me alcanzaba el tiempo. En otros pacientes observaba que no tenían nada para hacer, estaban siempre ahí esperando a que les tocara su turno, como si la vida girara en torno al tratamiento; muchos no tenían planes ni siquiera para el resto del día por si después se sentían mal o no tenían ganas. Eso no está bueno. No creo que la recuperación o cura esté más relacionada con los que toman una postura u otra, pero sí sé que es mucho más llevadero y menos traumático si uno trata de vivir el cáncer como algo más y no como si fuera el centro de todo”.    

Luego del tratamiento Julia tuvo que someterse a una mastectomía bilateral. Un procedimiento con fuerte impacto emocional y físico que la llevó a buscar apoyo psicológico para poder atravesarlo y aceptarlo como otro camino hacia su recuperación. Posteriormente, cuando pudo reponerse de la intervención, también comenzó a realizar actividad física; que le permitió sentirse más activa y mejorar su estado de ánimo, y también se enfocó en llevar adelante una alimentación más saludable y completa.

Historia de vida


“A quién tenga que atravesar por esta situación le diría que no tenga miedo, que el cáncer es una enfermedad pero también una oportunidad para empezar a ver qué es lo importante de la vida y dedicarse a disfrutar de eso. Que no le dé al cáncer el lugar principal en su vida, que ese lugar lo puede reemplazar por cosas que hagan bien; la familia, el trabajo, algún viaje. Que la persona empiece a ser el timón de su vida y no la enfermedad. El cáncer puede cambiarte la vida, pero no debe ser el centro de ella”, finaliza Julia. 

Referencias

Testimonio de Julia María Richards. Casada, con tres hijos: Rafael (4), Agustín (2) y Helena (1), es abogada pero actualmente es ama de casa.